Usé todo aquello que viene con la vaga y tirada idea de ser abandonado. Usé alcohol. Comprendo diariamente puntos que se reflejan en los estados.
Extraño aquel ruido que ayer aturdía. Casi nunca estuve, siempre me fui escapando de a poco. Como se escapan las hojas que se arrojan al viento y se van con la nada a mojarse.
Decidí irme. Me fui. No aprendí a quedarme nunca. Extraño el mate, la casa, la cebolla. Cada una de tus frases al pedo que odiaba antes. Me sentí en el desierto. Tuve frío y calor. A veces estuve caído y miraba el techo de la luna.
Ya no sé como se sigue. A donde van los pasos muertos. Cada una de tus maniobras pensadas con dureza o duraznos sangrando.
El ruido me hizo un nudo, los golpes de miedo. Dejé perder la noche. Me enterré en el sol inundado cuando atardecía pero ciego. A veces intento escapar como el agua que se filtra de la canilla rota y va a parar al mar.
Salvador me llamó ante-noche y no pude evitar mostrarme como la equis de un tesoro perdido, esa ene que no identifica y me pierde. Me pierdo entre las cosas del living como se pierden las ventanas disfrazadas por cortinas que esconden. Ya no soy vos, la mujer, el árbol, el hombre.
Cada tarde me fui. Estuve cuando atardecía comiendo sol, pero me fui. Decidí llenar repetidamente casa espacio que te habías apropiado. Traté invitando gente a casa a cenar de lunes, prender velas para no verme en lo oscuro y el silencio de la pieza. Aprendí a escuchar la rabia cuando ya no servía escuchar. Entendí que somos esta puja que casi nunca respira. Que si no peleamos nos perdemos y si peleamos nos vamos igual con bronca al futuro. Al color desteñido de las relaciones que fueron azules.
Ahora toco mis manos encimadas y siento que son el cemento rígido que espera acá afuera.
- De salud bien. No pasa por ahí. La solución no es ver tu foto. Recordar cada tarde en que perdíamos los miembros corpóreos del sexo. Recordar acrecienta el río.
Extraño aquel ruido que ayer sacudía la calma pequeña. El pigmento sucio de los días de trabajo. Extraño tus ojos cerquita cuando nos descubríamos, cuando nos cubríamos de ideologemas y callábamos frases, jugábamos a los gestos y a las pausas. Comprenderás porqué las palabras son alguien o vacían, todo este cuerpo que se va y se envuelve a morir tapado.
Usé drogas, de las más duras y nuevas, el alcohol. Y no es aquel abdomen tuyo matando al mío y treguas de remanso. El sol duele cuando entra de a poco y en solitario me encuentra. Usé todo aquello que viene con la ayuda vaga y tirada y tan sólo puedo escribirte reiteradamente de formas calladas que se dibujan en vos y la hoja.
Mati Barnes