El rey de la abundancia

By nitratoferroso

Dios se cree el rey de la abundancia. Se piensa que debilita o decide por regla, o algún chirlo en el culo. Nunca me cerraron los encierros. Las monjas de clausura, los conventos. El no coger con forro o tener un hijo.
Dios se cree el rey de espadas. El que es capaz de ponértela en el cuello o clavarla hondamente. Honestamente fui a misa antes. Misas que eran charlas. Debates tercermundistas como el hambre, el cólera, cada uno de los cepos de los tobillos.
Me puse a buscar una figura en la pared y por esas extensiones de la mente pensé sobre la suma sacerdotisa: una resta para el mundo. El mundo del que ayer estábamos hablando -aprendo con vos hablando-. Aprendí de donde caen gotas, de los ojos caen gotas.
El tipo se levantó de la silla y fue a orinar el baño. Soltó su escupida amarilla por paredes y azulejos. Todo el piso una meada. Se despidió del baño con los pies desnudos y caminó hacía a través de todo el desperdicio. Miró la ventana desde el décimo. Vio hormigas en ojos de tigres. Bengalas apagadas o escondidas. Escupió y sintió el despido, la caída libre, que se abría como un paracaídas muerto. Diez espadas matan a una, a la abundancia de Dios –sonrío pensando-. Tomó el cuaderno del suelo y se compenetró de lleno en la obra, en las desgracias del día. Sujetó y soltó el lápiz tantas veces como pudo, lo sumergió en el puño y tomó coraje. Dios se cree el rey de la abundancia, inició. El rey de los destinos y el vino. El rey de los hombres ¿o acaso los hombres –pensó- lo han puesto en su lugar sagrado?
Ernesto dio vueltas y comió tabaco en un humo turbante. El silencio envolvente de las paredes cuatro que lo rodeaban acariciaba. Acariciaba su frente de la forma más áspera y dura. Se limpió el sudor a mano cambiada y sublevó las pestañas para ver si veía al mundo.
En un rincón cercano espera el tiempo, los zapatos viniendo a visitar tras la puerta. ¿qué van a decir del olor? ¿los gritos? ¿el líquido nacarado del desperdicio? Con dos litros menos las ideas comenzarán a surgir –suplica-. En fórmulas las químicas fallan o te hacen comer opio y creer que Dios es el rey de la abundancia y un hombre pequeño espera agazapado, esperando la distracción, para saltar a robar su tesoro.

Mati Barnes

Una respuesta para “El rey de la abundancia”

  1. Soledad Dice:

    Me da mucha curiosidad saber qué carta te tocó…y qué significaba…esoterismo al margen…me gusta lo que escribís Barnes…ya lo sabés porque te lo he dicho personalmente en tantas noches de cerveza, humo y letras en lo de la Sil…en los tiempos de Literatis, Cosa e Mandinga, o qué se yo cómo nos terminamos llamando…es lindo volver a leerlo cumpa…y aprovecho para felicitar el nacimiento de este nuevo colectivo de la palabra…y felicitaciones también por empezar a hacerla pública en este blog!…muchas flores le he arrojado…se convertirán otra vez en literaturas, decires, rituales infinitos?. Salú

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