Archivo de Septiembre 2009

Mercado Norte

Septiembre 22, 2009

Ahí donde un mercado se cierra
hay otro que abre

donde se ofrece carne de día
se ofrece carne de noche

y la inmoralidad de sus partes,
el sexo no creado por dios

se pone de alquiler y
se vende como en una feria y

hay bares
con mesas de pool y lámparas
de colores,
las clásicas, las típicas son las que
destilan su tintura roja.

aparecen los cuerpos apretados
apretados pero semidesnudos,
lo más apretados y desnudos posible.

las bocazas muy pintadas,
pagan su derecho de feminidad al precio
de enchastrarse de un labial hediondo
y
las tangas demasiado tangas
muestran todo lo que esconden
y
los escotes sumamente escotes
se desbordan de pezones infértiles
devenidos en tetas sintéticas.

Son de una hermosura atroz
de una belleza que los especialistas
en ciencias morales llaman perversión.

Y se peinan para salir,
y se perfuman, y se lavan la ropa,
y se depilan las piernas con cera,
y se depilan las axilas, y se sacan el bigote,
y se hacen la comida, y se arreglan las uñas,
y se pintan la boca, y se enamoran, y después lloran
porque el tipo es un hijo de puta, y usan
antitranspirante y zapatos con taco, y esperan tener
un orgasmo, y toman anticonceptivos, y quieren tener hijos,
y que las respeten y que las traten bien,
y se llaman Carla Mariana Sheila Yamila
Y sin embargo,
no son mujeres.

Son hombres con tetas o
son mujeres con pito, eso depende del cliente.

Y además de eso,
son también
los putos de mierda,
los travas los degenerados
los homosexuales los pervertidos los trolebúses

y son el cuerpo de un niño que un día se llamó
Carlitos Damián o Rodrigo.

- Maú Beé-

El (nuevo) descanso de los durmientes

Septiembre 20, 2009

Diciembre 2008

Esperaron tanto tiempo, acostumbrados a vivir en un país donde todo llega tarde. Son la imagen de un fracaso, de un asesinato, de un coma cuatro, de una herida que nunca termina por cerrar, de lo que somos. Abandonados, dejados en desuso, ellos siguieron ahí como testigos únicos de nuestra patética historia.
El hambre de los últimos años terminó con algunos de ellos. Quizás sirvieron para dar calor o para construir una casa para que la pesadilla de estar vivos fuera más llevadera o tal vez se los llevaron por puro daño, por pura bronca, por la más pura de las razones. ¿Por qué pasó tan tiempo? Hubo un antes y un ahora ¿Y en el medio? Difícil decir. Quizás un grupo de personas vestidas todas iguales consideró que todos estábamos enfermos y que la mejor forma de matar ese mal era haciéndolo desaparecer. O quizás fue un petiso con pelos cerca de las orejas que pensó que ya estaba bien con ese chiste de tener mucho para todos, entonces vendió todo para muy pocos. O quizás fuimos todos nosotros; cómplices históricos de los días que pasaron. Pero estas son todas novelas mías.
Y los durmientes siguieron esperando. Y yo desde que tengo uso de razón siempre estuvieron descansando. Y ni mi viejo ni mi vieja me podían explicar porqué. Ayer pasé y vi nuevos sueños, apilados uno al lado del otro, esperando un próximo despertar. En ese lugar ya estaba el cartel que anunciaba la obra, con la frase “Argentina, un país en serio”, con los colores celeste y blanco, con luces potentes, y creo que sólo faltaban los bombos y los redoblantes. Al principio no lo creí (eso de creer son de países que no son serios, como el nuestro) Pero después, al ver a una cantidad importante de gente trabajando, alimentando sus bolsillos, sus estómagos, sus sueños y los míos, quise ponerle más luces al cartel y que sonaran los redoblantes. Porque para mí es importante, sin importar las miradas ni los dedos índices (esos que tanto se usan por aquí)
Seguiré esperando, como de costumbre, que algo suceda. Seguiré imaginando las postales que retengo de mi temprana edad. Seguiré escuchando, hasta que algún día escuche, los sonidos aquellos: el de la barrera bajándose, la campana de advertencia, la bocina del tren, la voz sabia del viejo que corta los boletos, el ruido de las ruedas circulando por las vías, el chirrido de los frenos, las conversaciones ajenas, y todo lo que mis oídos quieran guardar para hacerme recordar que estoy despierto.

Autor: A.S.Ramia

Autor: A.S.Ramia

Septiembre 2009

Quizá fue sólo el despertar
adentro de un sueño
el mío el de ellos.
¿Y ahora?
¿Qué me corresponde sentir?
¿Y ahora?

Quizá volver a cerrar los ojos
volver a dormir

Septiembre 3, 2009

Esa boca precisa, preciosa

esos lapachos florecidos frente a la parada del colectivo

ese día que hice un gol y lo vio mi viejo

ese velador del pato Donald que me salvaba de la oscuridad

esa primera vez con ella, cagados de frío, a la orilla del río.

Esa grasa de los chinchulines bien crocantes

ese hermano de la infancia

esa vez cuando vi el mar

esas resacas compartidas

ese libro que no me gusta prestar.

Esos calores sedientos en los veranos de Villa Dolores

esos siestones que se mandaba el pá

ese temor siniestro a la soledad

ese estar porque uno es y porque está

esos discos que supe escuchar al palo y no suenan más

esa pieza donde su gemido era lo mejor que me podía pasar.

Ese perro gordo, tan bueno que yo le quitaba los huesos de su boca animal

esas películas porno que veíamos cuando éramos pendejos

esos pendejos que fueron amigos

esos amigos que dejaron de ser pendejos y también de ser amigos

esos pecados sin culpa que le confesé al cura antes de hacer la comunión.

Esa madre cristiana e incansable que me parió

esa misma que llora cada vez que vuelvo para volverme a ir

esa presunta seguridad que me escasea

ese personaje que le invento al mundo que me desconoce

esas burbujas de la pipa que fabricó el Orión.

Esa abuela que aborrece de los políticos porque amó a la Eva

esa desgracia monocorde que se llama angustia de no se qué

esa plusvalía de la puta vida

ese calabozo todo miado donde estuve una vez.

Esa foto donde aparece un bebe gordo con mis ojos

esas torpes suturas que se llaman olvido

esas boludeces que no volvería a hacer

esa madeja que tejo y destejo todos los días

esos días que prefiero reventar.

Eso es todo. Todo eso es.

maové