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Iguales Palabras

Agosto 13, 2008

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Palabras al papel y a vos

Agosto 13, 2008

 

Usé todo aquello que viene con la vaga y tirada idea de ser abandonado. Usé alcohol. Comprendo diariamente puntos que se reflejan en los estados.

Extraño aquel ruido que ayer aturdía. Casi nunca estuve, siempre me fui escapando de a poco. Como se escapan  las hojas que se arrojan al viento y se van con la nada a mojarse.

Decidí irme. Me fui. No aprendí a quedarme nunca. Extraño el mate, la casa, la cebolla. Cada una de tus frases al pedo que odiaba antes. Me sentí en el desierto. Tuve frío y calor. A veces estuve caído y miraba el techo de la luna.

Ya no sé como se sigue. A donde van los pasos muertos. Cada una de tus maniobras pensadas con dureza o duraznos sangrando.

El ruido me hizo un nudo, los golpes de miedo. Dejé perder la noche. Me enterré en el sol inundado cuando atardecía pero ciego. A veces intento escapar como el agua que se filtra de la canilla rota y va a parar al mar.

Salvador me llamó ante-noche y no pude evitar mostrarme como la equis de un tesoro perdido, esa ene que no identifica y me pierde. Me pierdo entre las cosas del living como se pierden las ventanas  disfrazadas por cortinas que esconden. Ya no soy vos, la mujer, el árbol, el hombre.

Cada tarde me fui. Estuve cuando atardecía comiendo sol, pero me fui. Decidí llenar repetidamente casa espacio que te habías apropiado. Traté invitando gente a casa a cenar de lunes, prender velas para no verme en lo oscuro y el silencio de la pieza. Aprendí a escuchar la rabia cuando ya no servía escuchar. Entendí que somos esta puja que casi nunca respira. Que si no peleamos nos perdemos y si peleamos nos vamos igual con bronca al futuro. Al color desteñido de las relaciones que fueron azules.

Ahora toco mis manos encimadas y siento que son el cemento rígido que espera acá afuera.

- De salud bien. No pasa por ahí. La solución no es ver tu foto. Recordar cada tarde en que perdíamos los miembros corpóreos del sexo. Recordar acrecienta el río.

Extraño aquel ruido que ayer sacudía la calma pequeña. El pigmento sucio de los días de trabajo. Extraño tus ojos cerquita cuando nos descubríamos, cuando nos cubríamos de ideologemas y callábamos frases, jugábamos a los gestos y a las pausas. Comprenderás porqué las palabras son alguien o vacían, todo este cuerpo que se va y se envuelve a morir tapado.

Usé drogas, de las más duras y nuevas, el alcohol. Y no es aquel abdomen tuyo matando al mío y treguas de remanso. El sol duele cuando entra de a poco y en solitario me encuentra. Usé todo aquello que viene con la ayuda vaga y tirada y tan sólo puedo escribirte reiteradamente de formas calladas que se dibujan en vos y la hoja.

Mati Barnes

Golpe

Agosto 13, 2008

Amanecí caído, extraño.
Entre mate y mate recorrí la casa, me sentía atormentado. Repetidamente di golpes a la mesa. No había ningún ruido, el hombre y la mujer de la pensión me miraban fijo.
Me senté frente a ellos, la vergüenza me invadía y dentro mío habitaba un desierto frío e intenso. Mis miembros se paralizaban y en mi cerebro se gestaba una escaramuza. Tapado de pensamientos, mi corazón inundado.
Por la ventana lluviosa miraba el cemento, la vereda angosta pero infinita: la dureza de todo eso.
Ayer dejé tirada la coartada que escondía lo más profundo de mi reflejo. Entré en la puja de escapar… o continuar con lo que diariamente me agobiaba.
Pero no tenía nada, no supe pedir ayuda: tenía mucho que perder. No comprendo por qué lo hice.
Sabía que sería acusado de vago, tenía un nudo en la garganta, sentía un vacío difícil de llenar.
Y pensar que lo único que quería era un poco de calor; es que a veces la noche es tan solitaria.
El hombre me clavaba la mirada, casi nunca lo vi así. El color azul de sus ojos penetrándome, haciéndome temblar como una hoja.
Hasta que mi cuerpo cede y se desmaya: miro una última vez a la calle, pero ahora veo el brillo de un árbol, me concentro en el pigmento anaranjado del único durazno que anuncia la llegada del verano.
De pronto me fui donde cada tarde, me perdí en un lugar donde siempre atardecía, donde el sol era siempre rojo.
Use toda mi fuerza para permanecer en ese estado. Estuve recorriendo todos los puntos, haciendo relaciones, intentando descubrir dónde había fallado. La operación perfecta había fracasado. Y pensar que la repasé ene veces, había marcado con varias equis lo que buscaba en ese bolso salvador.
Todo era perfecto y conseguía la única esperanza para la salud de mi madre.
Esa noche estuve dando vueltas… dudando… “No viene, hoy el viejo no viene, hoy me mando”. Decidí hacerlo y lo hice. Pero fallé: el viejo vino…
La vergüenza hoy, es insoportable.

Martín