Sobran próceres

Uno de mis primeros recuerdos, una de las primeras fotografías de mi vida, es la de mi abuelo agarrándome la mano, abriéndose paso entre una multitud celeste. Caminábamos, seguramente, por Arturo Orgaz, La Rioja, Colón o Hualfin. Desde abajo veo la marea, el brazo de mi abuelo, la camisa a mangas cortas, las cinturas de las gentes, el agua servida, las calles rotas, los papeles. No recuerdo ni el partido, ni la cancha, ni nada. Deambula en mi memoria la imagen de ese brazo sabio, esa mano gigante, esa sensación indescriptible de sentir que mi abuelo me estaba llevando por el camino de la historia, agarrados de la mano, mostrándome cuál era el horizonte.
Algo así les habrá pasado a tantos. Quizás los abuelos fueran tíos o padres y la cancha una playa, un bosque, el atardecer o la plenitud de la llanura. Desconozco las sensaciones exactas, pero quiero creer que a Manuel Belgrano le latía el corazón muy fuerte en aquellos días de insignia patria, de cielo celeste, blanco y celeste, sol radiante y viento cálido. Luchador de una patria hoy perdida, confundida, dada vuelta, Belgrano imaginó el país que hoy existe en cuentos y manuales escolares. Ahí va el prócer argentino, liberando tierras, cortejando a cuanta señorita se le cruce en el camino, levantando la espada para que nunca más haya que levantarlas, llevando de la mano a miles.
Algunos años más tarde, los ilustrados se debaten el comienzo de una historia. Ellos son los protagonistas exclusivos de lo que podemos ser. Buscan, entre ilusiones, convicciones, mentiras, miedos, dolores y alegrías, la letra capital, el primer párrafo del país, las primeras letras, las leyes de la historia. Alberdi, que escribía bastante bien, culmina su novela, su libro más famoso. Se presenta ante todos y les dice: “la terminé”. Alguien levanta la mano y le pregunta por el título de la obra. Alberdi responde: “Constitución de la Nación Argentina”. Y el resto es futuro.
Décadas después comenzaba a crecer de manera desordenada, caprichosa y orgullosa, una barriada cordobesa. La gente fue apilando casas, historia e historias, marcando a fuego las calles y los pasajes con presencia. El barrio pasa a llamarse Alberdi y cada vecino es prócer de su tierra. Gardel, que no conoce de tiempos ni de muertes, canta como los dioses: “¿Qué me van a hablar a mí de amor?”, dice el zorzal. De la misma manera el barrio siente y canta: “¿Qué me van a hablar a mí de calles y ochavas?” Es que las casas se comen las veredas, las veredas a las calles y que el resto se las arregle, que los autos y carros esperen. Este es un barrio de gente y la gente es el barrio.
Casi en la misma época nace el Club Atlético Belgrano y el cielo de Alberdi será para siempre celeste. Ahí van los dos, agarrados de la mano, como mi abuelo y yo. Club y barrio, abrazando a todo un pueblo cordobés.
Los años pasan, la historia se precipita a los presentes. El barrio se llena de próceres y hacen lo que hacen los héroes: reformas universitarias, folclore zamba y chacarera, cordobazos por todos lados. También se construyen ilusiones y un buen día emerge un Gigante. Las tribunas llenan de luz y de sombra un pedazo de las calles. Arturo Orgaz mira junto a otros soñadores, la construcción de la primera tribuna. Son apenas unos jóvenes con ganas, pero ya están haciendo patria por su propia cuenta. Y la cancha, cada año, se va haciendo más y más gigante. Para no ser menos, casi pegada, se levanta la cervecería Córdoba donde miles de trabajadores llenan las veredas con sentido y los bolsillos con dignidad.
Doscientos años atrás el país empezaba a respirar y se hacía necesario construir mitos, héroes, batallas históricas, símbolos, referencias de hermandad. Belgrano y Alberdi logran hacerse un lugar en las hojas amarillentas de todo manual. Aparecen en los billetes, en las calles y avenidas, en pueblos, clubes, instituciones y comercios. Y todo va sucediendo de esa manera en todas las escalas. Una vez que Alberdi es barrio cordobés florecen los próceres comunes. Deambulan los folcloristas, los utileros del club, las doñas, los pibes, los estudiantes, los goleadores y los cuentistas. Todos se mezclan; todos son todo. Las historias están a la vuelta de la esquina. Las lleva el viento, que no conoce de límites. Dicen que desde arriba, Belgrano y Alberdi miran todo; que discuten cuál de los dos es más importante, cuál de los dos es más prócer. Apelan, uno y otro, a sus logros. Dicen que por detrás se asoma un tal Rodrigo y saca pecho de sus canciones, de sus pasiones, de su vida y de su post vida. Dicen que todos se animan a ser grandes. Que en medio de la discusión acalorada aparece un tal Julio y les tira en la cara algo como “todo muy bien con la escarapela y la constitución, pero ustedes no le metieron un gol a Quilmes en la promoción; ustedes no salvaron del descenso a todos los hinchas”. Dicen que todos se quedan callados, hasta que aparece un tal Luis Fabián; y saca una libretita con todas las felicidades que dio. Y así, van desfilando uno por uno, desde ese tal Cristóbal Colón, hasta la Milonguita, también el que vende garrafas de gas, el tito Cuellar, el de la cerveza fría, la Chacha Villagra, los tiradores de piedras del 69 y los goleadores del 68, la lunita de Alberdi, la vieja de los mates dulces, los médicos del clínicas, los enfermos del clínicas, los que cuidan motos, los que caminan se tropiezan y vuelven a caminar, todos. Héroes, por robarle las tristezas a la gente.
Alberdi y Belgrano son Córdoba, con su correspondiente y viceversa.
Camino, por una calle que es quizás la misma, tratando de no olvidar e imaginando quién agarrará mi mano para cerrar el círculo de mi historia, que es la de todos.

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3 comentarios to “Sobran próceres”

  1. Juli Says:

    Nam, Gringo te zarpaste!!! Aguante Belgrano y todo lo q ello significa. Aguante, aguante, aguante! Y que no dejés de escribir así. Se me metió dentro te juro, y eso que hube perdido-mé algunos datos históricos claves, como q mi viento “sin límites” me los robó. No importa, lo q sí importa es que ya estoy imprimiendo este mito-cuento para regalarselo a mi hermano el Juanma, uno de esos q llenan la cancha de cielo azul celeste y gritos desesperados como el tuyo, Gringo. Que ahora es lo más manso de Córdoba,m jajaj. ABRAZOS!

  2. pezon Says:

    que bueno loco, que bueno que está.

  3. Tumamaentanga Says:

    Buenoo, mira, hijo de un camion lleno de putas, me parece que tu sitio es una verga mal chupada, ya que hay gente que busca la formula de obtencion del Nitrato Ferroso (Fe(NO3)2, por si no la conoces, pedazo de sorete) y un pelotudo atomico hijo de un transbordador espacial lleno de putas como sos vos sale con una basura y una mierda de 3 pesos de sitio como este. Andate a barrio norte a que te cojan los 2941 negros que viven ahi, y que te dejen el orto tan abierto que se te vea desde la luna.

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